1601
Corredor norte de Vardthavn
La niebla se pegaba a los mástiles como un secreto. A esa hora, cuando la marea respira hondo y el viento cambia de parecer, Lucas Veynar terminó de limpiar sus revólveres en la cubierta. Iba a guardarlos cuando notó algo que no encajaba: el silencio del astillero. Ni cadenas cantando, ni voces de guardia, ni la madera que suele crujir por puro gusto de vivir. Subió a la cofa con la ligereza de quien se ha jugado la
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