Summary
Lucas Veynar fue un hombre de familia, padre y esposo en un rincón olvidado del desierto.
Vivía con su esposa Aurora y su hija Clara, hasta que los cielos se abrieron y el mundo se quebró.
Una tormenta negra surgió del horizonte y los portales del Averno vomitaron criaturas imposibles.
Su rancho fue devorado por las llamas, su familia por la oscuridad.
Lucas sobrevivió, marcado por la energía infernal que se filtró en su cuerpo y en su alma.
Durante más de una década vagó por las ruinas de lo que alguna vez fue su tierra.
Cazó a los demonios que habían quedado atrás, aprendiendo sus debilidades, sobreviviendo con pólvora, instinto y dolor.
En esa travesía fundió sus reservas de oro y plata para forjar dos revólveres únicos, grabados con runas y nombres sagrados.
Aurora, el arma de la luz, simboliza esperanza, purificación y redención.
Clara, el arma de la oscuridad, nació del metal infernal que recogió de los portales.
Ambas armas equilibran su alma fracturada: una representa lo que fue; la otra, lo que el infierno lo obligó a ser.
Dentro de su abrigo siempre lleva una fotografía vieja y quemada de su esposa e hija.
En 1882, siguiendo su capacidad para detectar demonios, encontró una grieta activa en el desierto y llegó al Cañón de Sombra Roja.
Allí se enfrentó a una horda de demonios que emergía de un portal recién abierto.
Entonces una tormenta cayó sobre el cañón, abriendo un portal de fuego: de él emergió Alucard Aris, atraído por la distorsión dimensional.
Ambos combatieron durante horas, espalda con espalda, destruyendo la horda.
En Alucard, Lucas vio por primera vez algo que no había sentido en años: propósito.
Desde ese día juró seguirlo como compañero de armas y se unió a los Immortalis, cabalgando entre mundos y cazando demonios en nombre de los caídos.